• Francisco José Soriano Tejeiro

EL FACTOR MEDITATIVO EN LA PRÁCTICA DEL TAIJIQUAN 4



Movimiento y respiración coordinados para meditar dentro de la práctica

Para meditar en la práctica tenemos que seguir las pautas de: adaptación contextual al momento presente, establecimiento de una actitud basada en la paciencia, la introspección y la voluntad de no decaer, física o mentalmente, durante todo el tiempo que dura una simple sesión de entrenamiento.


También debemos asumir los papeles tan importantes que juegan una correcta instrucción estructural, un perfecto modelo respiratorio y una clara división de objetivos en los que poner el foco de nuestra mente mientras practicamos.


Este trabajo previo, inducido y dirigido por el maestro, también tiene que ser acompañado por las tareas intransferibles del alumno quien, en la búsqueda de esta nueva dimensión de actuación, deberá poner el cien por cien de su esfuerzo focalizado hacia la actividad mental y emocional.


El control del movimiento, de la tensión durante la ejecución de la forma, nos pone por delante numerosos elementos en los que aplicar nuestra conciencia. Con estas herramientas podemos dejar de soñar, de recordar o de proyectar la mente porque toda su energía es requerida en un proceso de observación y control que dura lo que dura el ejercicio. De aquí se deduce la necesidad fundamental de desvincular la práctica de cualquiera de las ideologías, creencias o fantasías religiosas tan difundidas actualmente.


El ritmo de la respiración, además de su adecuación a las fases del movimiento dentro de la particular lógica natural de etapas, nos permite afianzar la emergencia de actividad mental que más nos interesa para nuestro desarrollo.


La respiración debe ser consciente profunda, rítmica, abdominal a veces, torácica o clavicular en otras, integral en la mayoría de los ejercicios. Debe adaptarse en su fisiología a la propia estructura angulada, torsionada, inclinada o erecta del tronco, que comprime o expande de forma natural cada una de las lateralidades de nuestra caja torácica.


El corazón bombea al ritmo que la acción, la mente y la respiración le proponen. Todo se armoniza en un juego de gestos, movimientos, respiraciones y actitudes que configuran un presente altamente significativo para la evolución progresiva del Ser hacía el Dao del Taiji.


Entrenar la mente requiere indudablemente que entrenemos la respiración. La respiración está íntimamente ligada a la actividad de nuestro cerebro hasta el punto de condicionar el pulso eléctrico sincronizado de todas nuestras neuronas (Ver estudio).


Es preciso que consigamos ralentizar el movimiento para poder adecuarlo a un ritmo respiratorio coordinado con las fases yin yang del movimiento. De un movimiento relajado, suave, consciente y coordinado con la respiración dependerá el estado eléctrico óptimo de nuestro cerebro, con un predominio de la actividad Alfa y Theta.

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