• Francisco José Soriano Tejeiro

El Tui Shou como práctica para la salud



Según la medicina tradicional china, el cuerpo humano es un conjunto de densificaciones y sutiles emanaciones de energía que se manifiestan de diferentes formas.


Estas formas aparecen como diferentes entramados interactuantes que, de forma sinérgica, producen el conjunto que reconocemos como ser humano. Huesos, tendones, ligamentos, músculos, vísceras, órganos, cerebro, sistema nervioso, etc., resultan no ser más que manifestaciones diferentes, en un estrato físico de jerárquica funcionalidad, creadas a partir de la más sutil emanación energética indeterminada.


Esta definición viene a remarcar que, esencialmente, somos energía. Energía manifestada de muchas formas, en diferentes vibraciones, con radiaciones distintas o singulares, que interactúan con un medio plagado de otras singularidades de similares características a las nuestras, pero con movilizaciones diferentes, con otros procesos de crecimiento, transformación, deterioro y reproducción, no siempre coincidentes con nuestro contexto individual.


Nuestro flujo energético se manifiesta en el mundo tangible como una estructura física de gran complejidad; que va desde lo más burdo y sólido a lo más sutil e imperceptible, toda ella atravesada por un vínculo magmático de energía que la determina como entidad individual, relacionada con el resto de los elementos que componen la tierra y el resto del universo.


Según los antiguos maestros, cada uno de nuestros órganos, cada una de nuestras vísceras, nuestras sustancias y tejidos, tienen unos procesos de flujo y de interacción que nos describen como seres circuitados por meridianos energéticos. Estos meridianos son líneas por las que la energía, en su manifestación más sutil, discurre por todo nuestro cuerpo biológico; lo hace en consonancia con la hora del día, con el posicionamiento de las estrellas y está relacionada directamente con las fuerzas magnéticas y gravitacionales de todo el universo.


El equilibrio del ser humano depende en gran medida del equilibrio de sus energías internas; una homeostasis imprescindible para la vida y para lo que denominamos en occidente «salud». Este equilibrio puede verse alterado por afectación de los elementos externos a los que estamos sometidos: entorno físico, climatología, sociedad/cultura, contaminación, etc.


Nuestra manera particular de interpretar psíquicamente este entorno y sus variables determina también, de múltiples formas, la afectación profunda que recibimos desde él en los planos más sutiles de nuestro ser. Evitar este desequilibrio forma parte de la búsqueda individual de cada persona en su proceso de adaptación con el medio en el que ha aparecido.


Algunas veces, los mecanismos de los que nuestra mente dispone para establecer este proceso de equilibrio son nefastos a priori (educación, sociedad o genética entre otros) y la alteración viene dada casi sin intervención consciente del individuo.


Los maestros de la antigüedad elaboraron un complejo compendio de estudios que describían, con absoluto lujo de detalles, la circulación energética del ser humano, sus correspondencias a nivel físico y psíquico, su relación con las emociones, los pensamientos, los sentimientos y los desórdenes orgánicos.


De estos estudios, cuyo referente más antiguo resulta ser el Su Wen Nei Jing conocido como «Canon de medicina interna del emperador amarillo», se desarrolló una ciencia milenaria que abordó los procesos de reestructuración energética de los desequilibrios que afectan al hombre mediante una serie de técnicas entre las que destaca la acupuntura.


Los tratamientos se realizaban insertando un número determinado de finas agujas en pequeñas zonas concretas de los meridianos anteriormente descritos. Estas zonas denominadas "puntos de acupuntura" son espacios, o vórtices, en los que es posible influir sobre la circulación bioenergética de la persona. Conocemos numerosas combinaciones de punciones, así como detalles específicos de la utilidad y relación de cada uno de los vórtices en los que las agujas podían ser insertadas.


La evolución de esta medicina ancestral ha dado lugar a un sin fin de estudios y de alternativas relacionadas con la prevención de las situaciones de desequilibrio energético. Con ellas se podía identificar un estado bioenergético perturbado y manifestado, en cualquiera de los planos que afectan a la persona y ejercer una acción directa sobre ella para su restauración.


Sistemas como el Tai Ji Quan y el Qi Gong, utilizan esta ciencia y filosofía para promover, en sus estructuras profundas y en sus métodos de utilización corporal, el ajuste equilibrado de las energías del ser humano por diferentes medios.


La movilización interna de los fluidos, la resonancia de estados de conciencia simplificados o equilibrados, la movilización de las estructuras duras y blandas del organismo, la adaptación respiratoria y un gran número de mecanismos de manipulación corporal, sirvieron para establecer fórmulas par ayudar a la mejora sobre el desequilibrio particular del enfermo, facilitando así el natural y posible, en determinados casos, proceso de autocuración de las personas.


Las aplicaciones del Tui Shou como elemento complementario, a la vez que fundamental de la práctica del Taijiquan se suelen centrar en el desarrollo de habilidades para la práctica marcial, para la comprensión de las técnicas contenidas en sus formas (Taolu) o para el entretenimiento entre competidores de la misma disciplina.


No obstante, en los últimos años, las investigaciones sobre las manipulaciones derivadas del Tui Shou, sobre sus efectos biodinámicos en el practicante y, sobre todo, sobre las referencias constantes del Taijiquan como estilo marcial interno vinculado con la medicina tradicional china, exigen una revisión del potencial profiláctico de esta práctica.


Cuando tocamos, empujamos, rozamos, presionamos o movilizamos el cuerpo de otra persona, afectando en gran medida a su estructura corporal en general, estamos actuando sobre su estructura bioenergética con un nivel de afectación importante sobre la misma.


Cada movilización realizada sobre un grupo articular, sobre sus tejidos y fluidos, ejerce un efecto determinado que podríamos definir como "una forma de digitopresión dinámica" asistida por el movimiento y la intención, con repercusión sobre la base energética general y específica del individuo.


Para poder ir dando cuerpo a esta idea de la manipulación energética desde el Tui Shou tenemos que conocer, de partida, los circuitos energéticos, su dirección anatómica y la profundidad de su circulación, tenemos que comprender los ángulos naturales de movilización articular, sus límites y nuestra capacidad para oír/sentir dichos límites, actuando directamente sobre ellos, sin romper ni forzar más allá de lo que pretendemos para que el efecto redunde en una situación de reequilibrio antes que en un desequilibrio total.


Podemos establecer las directrices de presión desde el conocimiento de los puntos o vórtices de acción energética sobre el meridiano para poder actuar sobre ellos, siempre en consonancia con el movimiento y el estiramiento propuesto desde el Tui Shou.


Resulta imprescindible analizar estos elementos para, a partir de ahí, establecer los procedimientos de acción dentro del ámbito del empuje de manos que nos permitan disponer de un protocolario determinado que tenga capacidad de acción bioenergética restaurativa o reequilibradora. Este apoyo podría ser un elemento coadyuvante de terapias más profundas como la acupuntura o la moxibustión.


Pensamos que, por una parte, el desarrollo de este conocimiento permitirá comprender mejor la idea de base del Tui Shou en todos sus ámbitos de aplicación; además de servir de un complemento ideal para la restauración y mejora de las estructuras dinámicas superiores y las estructuras energéticas generales del individuo, algo que va en la dirección del Taijiquan y su acción de favorecer el equilibrio entre el Yin y el Yang del practicante.



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