• Francisco José Soriano Tejeiro

LA TRAMA DE LOS JIN EN EL TAIJIQUAN

Creemos que podemos identificar un momento fugaz en el tiempo.

Nos paramos a mirarlo, intentamos comprenderlo, recordarlo, sentirlo.

Pero el tiempo se lo lleva y nos queda el vacío,

un vacío inherente a intentar aprehender lo inaprensible.


Notas personales sobre la práctica. 1/2009


En el Taijiquan, hablar de Jin es hablar de un elemento sutil de difícil comprensión. Su naturaleza, tanto conceptual como expresiva, está relacionada directamente con la energía, la estructura y la imagen mental que la provoca. También con la dirección y potencia que expresa, el sentido aplicativo de su utilidad, la naturaleza profunda que guía su evolución interna y su inserción en el detalle técnico contenido en los modelos de la forma.


Cuando practicamos las formas inducimos a nuestra estructura a generar determinados tipos de inercias corporales. Estas inercias, sumadas a una intención determinada y definida, se conjugan con la oportunidad de su aparición en un momento concreto. Todo este trabajo de desarrollo dentro de la forma es sólo el germen que debe evolucionar en los otros contextos de trabajo: empuje de manos, estudio y práctica de aplicaciones, trabajos de desplazamientos y de combinación de transformaciones técnicas, etc.


Cuando comenzamos a comprender el término Jin como un entramado de interacciones, digamos «energéticas», nos encontramos de golpe con la coexistencia de gran variedad de estas interacciones en el ámbito general de la práctica. Comenzamos entonces a dividir y subdividir sus manifestaciones, sometiéndolas para su agrupación a diferentes modelos de expresión vinculados concretamente a la ejecución técnica.


La comprensión de este conjunto de modelos energéticos suele estar vinculada a la experiencia personal del practicante. También a un tipo de transmisión que escapa a cualquier definición. La experiencia de recibir el concepto en su oportuno contexto, sintiendo en nuestro cuerpo el resultado de una ejecución correcta del Jin concreto por parte de un maestro, nos puede servir de norte para reconocer la forma en la que dicha emanación queda reflejada fielmente en el espejo de nuestra propia estructura.


No podemos conocer el sabor de la definición hasta que no seamos capaces de probarla. Este probar está ligado a todos los elementos indisolubles de la práctica y a una guía correcta para su adquisición. Las fórmulas para desarrollarlos son múltiples, pero todas ellas insisten en la necesidad de construir la estructura corporal oportuna, así como en establecer los principios fundamentales del Tjq sobre la actitud corporal que adoptar frente al movimiento que nos sugiere el estilo sobre el que trabajemos. Nos referimos a las ideas generales de ceder, absorber, relajar, hundir; aceptar en último término lo que nos está llegando para comprender cómo lo hace, cómo conecta con nuestro centro y cómo evoluciona a partir de ahí.


Pero ¿cómo debemos establecer nuestra línea de adquisición de estas «fuerzas modeladas»?, ¿existe un orden, una evolución de unas a otras, un tiempo aproximado de adquisición, una virtud natural para llegar a ellas?


Para abordar estas respuestas, inicialmente tenemos que partir de una idea de conjunto de lo que estamos tratando, es decir, conocer en términos aproximados a qué conjunto de experiencias psicomotrices y bioenergéticas nos estamos refiriendo. A partir de esta definición inicial, podremos establecer algunas líneas sobre las que poder evolucionar en el desarrollo de la habilidad necesaria para su expresión. Bien es cierto que, atendiendo a cada escuela, a cada maestro, a cada practicante en particular, estas definiciones y reglas tendrán identidades diferentes sin perjuicio de que compartan, en términos conceptuales, objetivos comunes en el traspaso de poder a las técnicas concretas.


Comencemos por definir en este artículo, a groso modo, algunos de estos modelos comúnmente reconocido en los círculos de practicantes de artes marciales chinas y más concretamente en el Taijiquan:


o An Jin: Empujar


o Peng Jin: Rechazar


o Ji Jin: Presionar


o Lü Jin: Desviar enrollando


o Cai Jin: Tirar sujetando


o Lieh Jin: Dividir la fuerza


o Zhou Jin: Expresar desde el codo


o K´ao Jin: Expresar desde el hombro


o Fa Jin: Emisión de potencia


o Yin Jin: Capacidad de guiar


o Jie Jin: Interceptación


o Hua Jin: Transformación


o Ting Jin: Escucha sensitiva


o Dong Jin: Comprensión profunda


o Na Jin: Poder de sujeción


o Song Jin: Poder de relajación


o Duan jin: Capacidad de emitir en estructuras cortas


o Chang jin: Capacidad de emitir en estructuras extendidas


o An Jin: Energía adhesiva


o Sui Jin: Capacidad de seguir


o Chen Jin: Energía de hundimiento


o Rou Jin: Acción suave


o Ying Jin: Acción fuerte


o Boh Jin: Capacidad de generar rebote


o Ce Jin: Energía de torsión


o Ci Jin: Energía de corte


o Di Jin: Capacidad de desenraizar


o Dou Jin: Energía vibracional


o Kong Jin: Fuerza Vacía


o Po Jin: Poder de desviar


o Zhou Jin: Energía de fricción


o Hui Jin: Poder flexible


o Chan Si Jin: Energía de enrollar y desenrollar seda


Siguiendo este guión analizaremos posteriormente, en un orden de progresión de desarrollo en la práctica, cada uno de los conceptos que acabamos de apuntar que, aunque no son todos los que existen, nos pueden ayudar a entender de forma general la idea del Jin en el Taijiquan. Para hacerlo nos valdremos de imágenes, referencias y apuntes relativos a los textos comúnmente aceptados sobre los detalles de cada uno de ellos.


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