• Francisco José Soriano Tejeiro

SONG JIN. LA RELAJACIÓN ACTIVA

«Capturada la suavidad en la figura de las alas de un dragón de humo,


la densidad de la mariposa excede el quebradizo manto material.


Lo concedido por lo obtenido.


Un simple y oculto juego de densidades que unas veces flotan


y otras descansan ancladas a un centro insospechado,


más profundo que el propio núcleo del universo»



Fragmento del libro de poemas místicos


Retazos incomprensibles de los filamentos dorados




Las palabras «más relajado», son ya un clásico en las clases de Taijiquan. A veces, este llamado a la conciencia de dejar la tensión de lado se convierte en un obstáculo que puede llegar a incrementar la dureza que ya teníamos.


El concepto de relajación, en las artes marciales denominadas internas, va mucho más allá de la mera distensión muscular. Su naturaleza, al igual que ocurre con los restantes Jin que otorgan el alma conceptual al sistema, es mucho más profunda.


Todos somos conscientes de lo que significa relajar. Cuando recibimos un masaje, cuando escuchamos determinados sonidos, o en circunstancias vitales de nula presión psíquica, conservamos una estructura física fijada en base a la propia forma, sin entregar ningún módulo de fuerza para sustentarla; estamos realmente relajados.


En una sesión de relajación se busca alcanzar la máxima conciencia de un estado en el que nuestra parte voluntaria, nuestro sistema nervioso parasimpático, realice su máxima función de equilibrio, manteniendo el conjunto del organismo sumido en un descanso voluntario. Nos referimos a un estado en el que todas nuestras funciones deshacen progresivamente sus compromisos de tensión. Con esto conseguimos alcanzar el estado sereno y tranquilo que identificamos como estado de relajación.


Habitualmente se hace excesivo hincapié en la modulación del sistema nervioso parasimpático, como fórmula para lograr una relajación profunda del conjunto de la persona. Sin embargo, desde la perspectiva del Taijiquan, nos estamos centrando equivocadamente en una lateralidad de la cuestión.


Nuestro sistema nervioso, tanto el simpático como el parasimpático, debe alcanzar un estado de armonía inalterada para que el conjunto de la persona establezca una realidad del concepto relajación en lo que a su propia percepción se refiere.


Necesitamos calmar las pulsaciones, mientras que nuestra respiración regula su cadencia y nuestra estructura musculoesquelética obedece a la orden de no excederse en tensión, sin perder una estructura de soporte mínima. Cuando hablamos de Song Jin nos estamos refiriendo precisamente a esta idea, pero en distintos niveles de profundidad dentro de la conceptualización en la que nos encontramos inmersos.


El trabajo sobre el vacío y el lleno en alternancia, nos proporciona una conciencia corporal más avanzada de lo habitual. Acentuamos la conciencia de nuestra propia tensión para ir, de forma progresiva, estableciendo los mecanismos que nos permitan fijarla y controlarla en parámetros mentales ordinarios.


En la práctica marcial también realizamos un importante esfuerzo de mantener esta conciencia dinámica de relajación controlada durante la ejecución de los ejercicios. Lo hacemos como una forma de adiestrar a nuestra mente, en su interacción corporal, en una manera particular de afrontar los impulsos programados que acaban generando la activación de procedimientos excesivos.


Song Jin no es sólo un concepto vinculado a nuestra estructura musculoesquelética. No se refiere a una languidez o laxitud inoperante, en la que somos como un pulpo inerte que recibe impulsos de fuerzas a los que no puede responder. Song Jin es una idea de la magnitud de nuestra capacidad de dominar nuestros impulsos más primitivos en toda nuestra estructura nerviosa, sin que ello afecte a la efectividad de nuestro movimiento en armonía, precisión, estabilidad, ritmo, velocidad y fuerza.


Controlar nuestra energía es mucho más complejo de lo que podemos imaginar inicialmente. Comenzamos a comprender de qué se trata cuando necesitamos la ejecución de movimientos y de forma paralela indicamos a nuestro sistema nervioso que regule el grado de tensión mínimo necesario para dicha ejecución. El resto del sistema se centra en la percepción profunda de ese estado, así como en el establecimiento de un hábito de conducta frente al estímulo basado en estos parámetros equilibrados.


Relajamos y sentimos la relajación mientras nos movemos. En ese proceso, acumulamos y descargamos unidades de potencia, fruto de las maniobras a las que sometemos a la estructura de nuestro cuerpo en las formas y modelos que la técnica del Taijiquan nos exige.


El adiestramiento en solitario nos permite igualmente comprender que esta relajación activa y ajustada, sin excesos, tiene un componente hermano más sutil en nuestra propia estructura de pensamiento. Nuestra forma de pensar, de racionalizar las situaciones, también debe ejecutar este profundo ejercicio de comprensión de los límites de tensión de nuestras ideas contrapuestas. El equilibrio entre actuar y no actuar queda demarcado en la filosofía taoísta en el concepto Wu Wei en el plano físico y mental que le corresponde.


La filosofía taoísta nos muestra una manera de entender la existencia centrada en el momento. No somos alguien que se mueve o que piensa en concreto; esa es una imagen virtual creada por nuestro propio proceso racional, eco sutil de todo este proceso.


Si eliminamos el concepto Yo, quedamos tan solo como la parte de un momento expansivo, general, que en interacción con el medio en el que se expande y que a su vez se expande, reconoce la estructura de gobierno que le corresponde particularmente en todo este magma. Una estructura que queda definida precisamente por la unidad de sus partes y sus interacciones internas y externas.


Esta interacción viene determinada por la virulencia del medio en el que nuestro momento fluye y, por supuesto, por los programas reactivos que acumulamos en todos nuestros planos de existencia frente a ese momento del medio.


En la idea de Song Jin, establecemos una densidad y velocidad interior que no está regulada exclusivamente por la reactividad del medio. Su naturaleza es el equilibrio de nuestra energía fundamental, la sutil movilización de nuestra estructura en un modelo que nos permita la pura percepción, bien en el trabajo en solitario o bien en el trabajo por parejas.


Las reacciones de nuestro sistema nervioso entran en un programa de modulación acorde a una reacción física que podemos definir como oportuna, e integrada en el momento en su justa medida, con una proporción de fuerzas acorde a las necesidades de percepción que el momento requiere para el mantenimiento de nuestra integridad interna y externa frente al magma al que antes nos referíamos.


Song Jin debe cubrir el 100 % de nuestra estructura física y mental. Debe implantarse como un modelo de acción, una forma gestual y emocional que canalice nuestras energías en un flujo oportunamente perceptible. De este concepto depende nuestra capacidad de escucha, de comprensión, de anticipación, de transformación, de seguimiento y reconducción. En general, actúa en casi todas las acciones de nuestra práctica, tanto marcial como vital.


El desarrollo de este poder nace de la paciencia para ir conociendo progresivamente, a través del entrenamiento, la realidad de nuestro sistema de respuestas, la realidad de nuestra innecesaria tensión vinculada a nuestros pensamientos más profundos y, también, a nuestra estructura física maltratada por hábitos insanos sin corregir. Las imágenes sutiles del bambú hondeando a merced del viento, o la de un río que fluye suave sin contratiempos, nos señalan un norte para la experiencia que buscamos.


Comprendiendo este punto, la primera sensación que podamos experimentar que contenga este Jin nos permitirá desarrollarlo por completo. Lo hará como si el código genético de esta potencia estuviese implícito, ya desde el comienzo, en el germen que supone esa primera experiencia fruto del trabajo y de la paciencia del practicante.